En nuestra rutina diaria, desde que tomamos la
micro en el paradero, dentro de ella, el paisaje mientras vamos camino a la U, al comprarnos algo en el kiosco,
etc etc todo nuestro entorno nos invade, nos llena, nos satura de publicida
d.
Pero como buenos consumidores, también hemos aprendido a simplemente rechazar y
omitir aquella que no nos agrada ni nos atrae. Filtramos las que más nos
agradan y son de nuestro interés.
Aquí es cuando se pone el desafío de cómo llegar a la gente sin que pase
de largo por la calle y que realmente nos vea.
La clave está en un concepto que con el tiempo va tomando más firmeza y se ha
consolidado como una alternativa publicitaria de las más efectivas.
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