La marca de automóviles Volkswagen narra en su último spot, rodado con la técnica del stop-motion, lo duro que es criar un hijo. Al hilo de esta campaña traemos otros ejemplos en los que la publicidad ha recurrido a las relaciones padre-hijo para transmitir sus mensajes comerciales.
Las relaciones paternofinliales han sido, desde tiempo inmemorial, una fuente inagotable a la hora de inspirar obras de teatro, películas, poemas, canciones y tomos y tomos de teorías psicoanalíticas sobre los complejos y traumas que dichas relaciones generan en cualquiera de las partes implicadas.
La historia nos demuestra que ser padre y ser hijo no es tarea sencilla. Que se lo digan si no a Ifigenia, sacrificada por su padre Agamenón antes de partir a luchar en Troya, o a Guzmán el Bueno, que prefirió lanzar a los árabes su propio cuchillo para que matasen a su hijo, antes de aceptar la rendición de la ciudad deTarifa y no les decimos nada de lo deLayo, Yocasta y su retoño.
Los publicitarios, gente conocedora de las tragedias clásicas, que se sabe al dedillo las teorías de Freud y Lacan y que está siempre atenta a las preocupaciones que acechan al hombre de la calle, han plasmado en muchos de sus trabajos la complejidad de este tipo de relaciones, como sucede con la nueva campaña para el modelo Touran de la marca de automóviles Volkswagen. Un spot creado por la agencia francesa V París, dirigido por Woof Wan-Bau, que repasa con la técnica del stop motion (o lo que es lo mismo, la animación tradicional fotograma a fotograma) la relación de unos padres con su hijo desde su nacimiento a la adolescencia.











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